El pensamiento oriental; Lao-Tsé

Lao-tsé constituye con seguridad uno de los grandes pilares del pensamiento chino. Él fue el fundador del taoísmo, escuela de pensamiento que con los siglos devendría en religión, el cual ha ejercido una enorme influencia en el pensamiento y la historia china, y posteriormente en la japonesa, ya que al mezclarse con el budismo se crearía una secta, la Chan, que daría lugar al Zen japonés.


Lao-tsé fue un pensador y sabio chino de hace veintiséis siglos, contemporáneo a Confucio (del cual ya hablaré en esta serie); se sabe muy poco sobre su vida, tan solo que fue bibliotecario, pero es considerado como el Padre del Taoísmo, al haber encerrado en su obra: "Tao Te Ching" ("El Libro del Poder y del Camino") todo el conocimiento de esta corriente filosófica y de Camino de Vida. Toda la enseñanza de Lao-tsé se centra en la autoconfianza, la sencillez, la imparcialidad y la comunión con la naturaleza. En las 5.250 palabras del "Tao Te Ching" nos dice que el tzu jan debe regir las acciones de los hombres. El tzu jan (unido al wu wei, el "no forzar") se manifiesta por la naturalidad, la espontaneidad, la flexibilidad, la fluidez...

Veamos parte de su sabiduría:

"Saber cuando uno dispone de lo suficiente es ser rico", pues si no se necesita nada más todas las necesidades y deseos se verán cumplidos, y que mayor riqueza que tener cubiertas todas las necesidades y deseos.

"Aquel que hace muchos proyectos pocos verá realizados". La historia y la vida da la razón a esta afirmación.

"La fama o el propio yo, ¿qué es lo que más se ama? Perderse uno mismo o perder sus bienes, ¿Cuál es el mal mayor?". Con ello Lao Tsé nos indica que lo importante es la propia persona, todo lo demás (dinero, poder...) es superfluo pues ¿como disfrutar de las posesiones si no hay una vida que disfrutar?

"Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres durante una jornada. Si les enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida", pues podrá alimentarse a sí mismo sin necesidad de más ayuda por nuestra parte.

"Entrar en la vida es ir hacia la muerte", pues todo tiene un comienzo y un fin.

"Un viaje por largo que sea comienza siempre por un paso", puesto que lo pequeño es el padre de lo grande, y nada es grande si antes no ha sido pequeño.

"Sabio es el que conoce a los demás; e iluminado es el que se conoce a sí mismo. Fuerte es el que vence a los otros; y la encarnación de la fuerza el que se vence a si mismo", por que lo importante es superarse a uno mismo y si esto se logra, lógicamente se superará a otros que antes no eran superados, aún sin intentarlo.

"Aquel que sabe que no perecerá al morir es eterno", pues admite las cosas como vienen y está fundido con el Tao.
"Aquel que todo lo juzga fácil, encontrará la vida difícil", pues toma las cosas a la ligera sin ver la naturaleza real de las cosas y de las acciones.

"Las palabras sinceras no son agradables y las agradables no son sinceras", por ello la verdad a veces duele y la mentira, desgraciadamente, a veces gusta.

"El hombre bueno no ama discutir, y el discutidor no es bueno", pues el hombre bueno ama la paz en todas sus facetas.

"De dos luchadores, el pensador vence", pues puede comprender la finalidad del adversario aún cuando este esté haciendo una finta (un engaño).

"Todo pasa, sólo la serenidad permanece", pues la tranquilidad, el no forzar la acción de las cosas (wu-wei), es el estado previo al surgimiento de la acción que con el tiempo pasará, y sólo quedará nuevamente la serenidad.

"Cuando faltó la armonía entre los parientes, se inventaron la piedad y el amor; para remediar las revueltas de la nación, se inventó la fidelidad del súbdito", este es el origen de las falsas virtudes y el nacimiento de la gran hipocresía.

"Un huracán no dura toda la mañana. Una lluvia torrencial no dura todo un día", por ello, puesto que lo violento no dura mucho, no es conveniente la desesperación.

"El Tao hace su obra y no la pregona, por ello el hombre perfecto es humilde, pues no necesita demostrar su valía", y si las demás personas no ven su grandeza es porque no son dignos de sentirla.

"Ser sabio y no saberlo es alta perfección; no ser sabio y tenerse por tal es una enfermedad", pues la humildad es virtud y la vanidad es pecado.

"El buen hombre es el maestro del malo, y el mal hombre es la lección del bueno", ya que el hombre bueno debe ser la lección y el ejemplo del malo, y el hombre malo demuestra al bueno lo que no debe hacer para mantener su bondad.

"El sabio no atesora, y cuanto más hace por el prójimo, más posee; cuanto más da, más tiene", por lo tanto: da y tendrás en abundancia, ayuda y tendrás ayuda.

"Haz temer el hacha del verdugo y tendrás menos maleantes en tu reino". Expeditivo pero efectivo.

                                                                                                                  F. Javier Hernández

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